“Espreitando o Tejo II” por Filodiniz
Lisboa y el Tajo, eternos amantes de cuyo romance quizás haya nacido el espíritu lisboeta: melancólico, contemplativo y soñador. La ciudad y su río mantienen desde hace siglos un diálogo cotidiano de reflejos y miradas. Son los ojos de la ciudad quienes buscan sosiego en la calma de sus aguas, como confiesa magistralmente el escritor lusitano Fernando Pessoa: “Oh suave Tajo, ancestral y mudo, pequeña verdad donde el cielo se refleja!”. Y es el río que responde trayendo noticias de otras latitudes porque, en palabras del autor, “Por el Tajo se va al mundo”.
Una ciudad portuaria es casi un escenario cotidiano de tristezas y alegrías, de despedidas y reencuentros, de cosas que se pierden y recuperan, ya cambiadas por el tiempo. Por ello Lisboa comparte con otras ciudades portuarias del planeta como Bahía, Buenos Aires, Cabo Verde o Génova el culto por la nostalgia. No es casual que el tango argentino, el choro brasileño y el fado portugués posean una similar tonalidad melancólica.
Pero las ciudades portuarias también generan en sus habitantes fantasías sobre las otras orillas, ansias de libertad y aventura. Durante la Era de los Descubrimientos de la historia de Portugal, llegaban al Puerto de Lisboa imágenes y relatos de otros mundos, relatos, perfumes y sabores exóticos. Y desde Lisboa partían hacia el mundo las noticias y anhelos de la Europa entera. En esta alquimia de mundo se fue formando el carácter y la personalidad inconfundibles de la capital de Portugal.
La Alfama es uno de los barrios más antiguos de Lisboa. Allí subsisten los restos del Castelo de São Jorge, bastión de la ciudad en épocas de la Reconquista, así como también el trazado laberíntico de las calles alrededor del castillo, de estirpe árabe. Por ello el barrio de Santa Cruz, en la Alfama, resulta particularmente atractivo para comenzar a desentrañar la personalidad de Lisboa.
Entre los becos (callejones de trazado irregular, algunos bastante empinados) irán apareciendo los personajes emblemáticos del barrio: los joviales puesteros de la Feira da Ladra (mercado de los ladrones), los músicos de Cabo Verde o las varinas, ancestrales vendedoras de pescado.
La visita al barrio de la Alfama debe completarse con uno de los pasatiempos preferidos de los lisboetas: contemplar por horas el Tajo. El lugar ideal son los miradouros, las ventanas de Lisboa hacia el mar. Se puede escoger entre el Miradouro de Santa Luzia, por su espectacular vista panorámica de los techos de la ciudad perdiéndose en el río o el Miradouro da Graça, el elegido por los más románticos.
Otro de los barrios que contemplan al Tajo desde las alturas es el Bairro Alto. Para llegar, nada mejor que tomar el Elevador da Glória o el Elevador de Santa Justa, verdadera obra de arte por sus delicadas filigranas neogóticas. El buen vino, la nostálgica atmósfera de los cafés y la magia del fado son alguno de los placeres que depara la visita al Bairro Alto.
Las casas do fado son quizás los templos en donde encuentra sosiego el alma lisboeta. Aún existen controversias sobre el origen del fado, pero lo cierto es que sus melodías navegan hacia lo más profundo de los sentimientos de la tristeza, el dolor y la pérdida. El fado, literalmente “el destino”, ahonda en estos sentimientos, se hace uno con ellos, los investiga y devuelve al mundo hechos canto. Los convierte saudade, para aliviar el alma o alimentar la sed de profundidad de los espíritus melancólicos.
El fado es música que se canta con los ojos cerrados. Trata de expresar lo innombrable: cuando uno evoca algo que ya no está, en la oscuridad del dolor se enciende una pequeña luz de felicidad, es la alegría por haberlo tenido alguna vez. Cuando el fado entra en escena, todo lo cubre. Un lisboeta escuchando fado (mejor dicho, sintiéndolo), parece estar asistiendo a una ceremonia religiosa. El fado es también música que se escucha con los ojos cerrados.
Para aquellos a quienes el encuentro con el fado haya dejado algo rebotando en el corazón, es muy recomendable la visita al Museu do Fado e da Guitarra Portuguesa, ubicado en el Edificio do Recinto da Praia, en el barrio de la Alfama. Plantea un interesante recorrido por la evolución histórica del género desde los ambientes marginales en los que tuvo origen hasta los salones de la aristocracia y las grandes compañías discográficas. En el firmamento del fado, la estrella que más brilla cuya luz aún no se ha extinguido, es la voz de la gran Amália Rodrigues.
Miradouros de Lisboa
Miradouro de Santa Luzía: ofrece una magnífica panorámica del barrio de la Alfama y la Iglesia de Santa Luzía.
Miradouro do Largo da Graça: a los pies de la Iglesia da Graça, es muy concurrido por las parejas que buscan un momento romántico.
Miradouro de Santa Catarina: excelente vista del Tajo y muy animado por las noches.
Miradouro de São Pedro de Alcântara: engalanado por la imagen de la ciudad bajo el Castillo de San Jorge.
Miradouro Keil do Amaral: para admirar la ciudad bajo la sombra de los árboles.
Miradouro da Senhora do Monte: uno de los más altos de la ciudad.
Casas de Fado en Lisboa
Alfama
Bacalhau de Molho: Beco dos Armazéns de Linho nº1, Tel: 21 8863767
Clube de Fado: Rua de S. João da Praça 92-94, Tel: 21 8852704
Dragão de Alfama: Rua Guilherme Braga 8, Tel: 21 8867737
Fado Maior: Largo do Peneireiro 7, Tel: 21 8877508
Guitarras de Lisboa: Beco do Melo 1, Tel: 21 8809928
Marquês da Sé: Largo do Marquês Lavradio 1, Tel: 21 8880236
A Severa: Rua das Gáveas 55, Tel: 21 3428314
A Taverna d’ El Rey: Largo do Chafariz de Dentro 14, Tel: 21 8876754
Bairro Alto
Adega Machado: Rua Norte 91, Tel: 21 3224640
Adega Mesquita: Rua Diário de Notícias 107, Tel: 21 3219280
Café Luso: Travessa Queimada 10, Tel: 21 3422281
O Canto do Camões: Travessa Espera 38, Tel: 21 3465464
Faia: Rua da Barroca 48, Tel: 21 3426742
O Forcado: Rua da Rosa 221, Tel: 21 3468579
Já Disse: Rua do Diário de Notícias 42, Tel: 21 3470542
Lisboa à Noite: Rua das Gáveas 69, Tel: 21 3468557
A Tasca do Chico: Rua do Diário de Notícias 39, Tel: 21 3431040




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1 Comentario en “El eterno romance de Lisboa y el Tajo”
Un paseo en barco por el Tajo nos puede llevar desde la estación fluvial de Terreiro do Paço a Cacilhas, en un recorrido de media hora que sólo cuesta un euro por persona. Los barcos salen cada pocos minutos y es ideal escoger el ferry, que también transporta coches y nos permite viajar en la borda en lugar de dentro del barco.