Al calor de Sevilla
Dicen que los amores de verano son efímeros, apasionados, ardientes, pero cortos; quizás el nuestro acabe siendo así pero como se inició hace pocos días en una visita de fin de semana a la casa de playa de mis tíos -de donde Rafael es vecino-, no es algo que me preocupe demasiado y pienso disfrutar esta visita sorpresa que me ha hecho en Sevilla, donde vivo con mi familia que asistió sorprendida a la presentación de mi ¿novio? que ellos recordaban como un pequeño de 5 años, trigueño, de ojos verdes como el olivo.

Piscina del hotel donde pasamos un día juntos
Estos días en Sevilla no son los ideales para un “amor apasionado“, con más de 40 grados de temperatura y el asfalto ardiendo bajo los pies, buscamos un lugar fresco donde detener el tiempo y mirarnos, hablar y conocernos más, pero cada fuente de agua, cada café con ambiente climatizado está colmado y mientras arrastramos los pies cansados de la frustrada búsqueda vemos un folleto: Reservas hotel Sevilla.
El precio de una habitación era accesible, sin dudas tendría aire acondicionado y estábamos a pocas cuadras del lugar, así que apuramos el paso por llegar pronto, pues este calor abrasador que se sentía desde temprano no podía impedirnos disfrutar de las pocas horas que teníamos para conocernos mejor.
“Dentro de los hoteles 4 estrellas éste es de los más completos”, nos informaba el muchacho del equipaje que no comprendía bien por qué íbamos sólo con lo puesto y aguardaba al menos una maleta pequeña para cargar hasta la habitación.
Mientras nos registrábamos pudimos conocer más del hotel: habitación de 26 m2 con climatización, minibar, caja fuerte, baños de mármol, secador de pelo y equipamiento extra con las más modernas tecnologías, como línea ADSL, canales internacionales de TV, PTV y servicio de habitaciones; además de 15.000 m2 de zonas ajardinadas y una enorme piscina.
No pensábamos pasar la noche ni podíamos hacerlo, Rafael debía irse a última hora de la tarde y yo debía dar explicaciones si no volvía a mi casa a dormir; así que nos dispusimos a disfrutar de una charla amena, fresca y distendida en una habitación de hotel que, al fin y al cabo, nos costó lo que hubiésemos gastado si comíamos algo por ahí y dábamos un paseo: 65 euros.

El calor de Sevilla no se siente en esta piscina
De momentos creí recordar al pequeño que me fastidiaba jalándome el pelo cuando veraneaba con mis primas y él nos perseguía en su bicicleta, pero probablemente fueron los recuerdos de mis padres y tíos al saber que Rafael vendría a visitarme, los que indujeron esas imágenes.
No sabemos si esta relación durará más de un verano, pero ahora podemos decir que afuera, en Sevilla las calles arden y quizás sea envidia de este amor naciente que se refresca de besos y aire acondicionado en la habitación de un hotel.

como que me ha entrado unas ganas barbara de veranear los costes me parecen adecuados a las comodidades que se describen. Muy buen articulo