A decir verdad, mucho de Rumania no había escuchado, más que un tal conde Drácula y la existencia de varios castillos, muchos de ellos incluso que se remontan a épocas medievales, no tenía verdadera idea de qué me podía esperar en ese país tan poco promocionado como fascinante y bello (caracteristicas que pude descubrir a posteriori).

Sibiu, una hermosa ciudad rumana. Foto: Viajesgram
Esta nación europea que se encuentra entre el Mar Negro y los Cárpatos constituye un rincón de la Europa oriental poco explorado, o mejor dicho explotado, desde un punto de vista del turismo “masivo”. Sin embargo, atractivos no le faltan, de hecho, le sobran: desde la riqueza de su historia la cual se puede observar y palpar en la gran cantidad de castillos y monasterios que aún siguen íntegros y en pie, hasta la belleza de sus paisajes naturales, pasando por la calidez de su gente y por su estilo de vida aún tranquilo y lejos de la mundanal vorágine contemporánea, pasar unos días en este país puede ser una experiencia muy enriquecedora.
Más allá de ese inmortal personaje literario (o también real) denominado conde Drácula, y las cientos de historias que se han entretejido a su alrededor, y de otras notas de color que, a decir verdad, a la mayoría de los rumanos mucho no les inquieta, lo cierto es que en Rumania aún es posible disfrutar de toda la riqueza histórica y cultural de un país muy bien dotado en ello y de manera tranquila, como en pocos otros países europeos.
Al margen de su capital, Bucarest, Rumania tiene otros lugares increíbles para visitar, y hacerlo es imbuirse en un viaje a través del tiempo: no sólo los castillos y monumentos de antaño que hay desperdigados por todo el país, sino incluso las ciudades más populosas y modernas son como una fotografía viva de la Europa de hace unas décadas.
Una de esas ciudades que estar en ella es algo así como subirse a la máquina del tiempo y retrotraerse unos cinco o seis siglos atrás es Sibiu: a 210 kilómetros de la capital del país, esta pintoresca ciudad además de capital de la Cultura en el 2007, es una buena puerta de entrada para impregnarse de todo ese aire casi ficticio que fluye en la región de la casi mítica Transilvania.

Casco histórico de Sibiu. Foto Wiki
Esta ciudad histórica en el centro del país me sorprendió gratamente: situada en donde antes tenía lugar una ciudad romana llamada Cedonia, constituye hoy una verdadera perla bien cuidada en Europa del Este, en donde además convergen distintas culturas y religiones, y de manera armónica.
En Sibiu (o Hermannstad, nombre que le dieron en su momento sus colonizadores alemanes) lo mejor que se puede hacer es recorrer sus calles a pie, y dejarse llevar por sus pasadizos y lugares, y ser testigo ocular de esa gran cantidad de “casas con ojos”, que la han caracterizado desde siempre, y de su multitud de fachadas, la mayoría, de tonalidades claras, tejados y gran cantidad de banderolas de hierro, de todas sus huellas góticas o barrocas, torres, bastiones defensivos y otras tantas notas particulares que, a decir verdad, la hacen parecer una instantánea antigua, aunque viva y vibrante.
Asimismo, si te dejas llevar por el aire y recorres sin un rumbo fijo esta ciudad, te encontrarás con multitud de patios, y cada uno más interesante que el anterior, túneles y lugares escondidos que realmente llamarán la atención: más que una ciudad, Sibiu es algo así como una caja de Pandora.
Además, esta ciudad de poco más de 160 mil habitantes tiene la particularidad de conservar uno de los cascos históricos mejor conservados de toda la región, cuyos cimientos se remontan unos cuantos siglos atrás, a la época en que sus colonizadores germanos pisaron tierra y comenzaron a construir sobre lo que era entonces Cedonia.
Sibiu, circundada por montañas y atravesada por el río Cibin, se divide, básicamente, en dos zonas diferenciadas: la Ciudad Baja que se desarrolló alrededor de las viejas fortificaciones, y la Ciudad Alta que concentra la mayor cantidad de atractivos.
La Plaza Mayor es uno de los lugares más importantes de esta bonita ciudad, y ha sido históricamente punto de reunión popular. A partir de esta plaza se puede hacer un recorrido bordeando las murallas que hoy separan el casco antiguo de lo más nuevo de la ciudad. En las inmediaciones se puede encontrar gran cantidad de negocios, locales y también iglesias (tanto católicas, ortodoxas como evangélicas, y una más impactante que la otra), otros monumentos e incluso museos.

Y si de atractivos culturales hablamos (que los hay por cientos en esta ciudad de sano embrujo) no puedo tampoco dejar de mencionar al Museo de Iconos sobre Vidrio, único en el mundo en cuanto a su calidad. Este museo tiene su sede en una Iglesia Ortodoxa del siglo XVIII y dentro de su valiosa colección incluye piezas únicas que datan de más de 300 años de antigüedad.
Además de la Plaza Mayor, también hay en Sibiu otra importante que se conoce como Plaza Menor, que se encuentra cerca de la primera y es también un punto de relevancia e ideal para descansar, ya que es más tranquila, y para observar la riqueza histórica y arquitectónica que Sibiu ostenta sin proponérselo. Casas de los siglos XV y XVI pueden contemplarse desde aquí o desde algunos de los cafés que allí encontrarás para beber o comer algo reconfortante antes de tomar el avión para retornar a casa, como fue en mi caso.
En síntesis, Sibiu es sin duda un destino de los no tradicionales, pero que vale la pena visitar, sobre todo, si se es amante como yo de la historia y las culturas, y de conocer esos rincones de Europa que conservan su riqueza y patrimonio en su mejor forma.

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2 Comentarios en “Sibiu, una ciudad traída desde la Edad Media”
muy bonita la ciudad, tranquila, recibidora, con mezcla de antiguo y moderno
Dana:
Sibiu es una ciudad muy pero muy particular; aunque podamos decir que hay muchas con tales características, sin dudas podemos distinguir ésta de otras y es por eso que dices de lo “moderno y lo antiguo” que además tiene un marco natural encantador.
Digno de una visita!