Europa, Rutas

Viajando en el Salento I. De Brindisi a Torre del Orso.

María Clara Fuerte
07:00h Viernes, 28 de marzo de 2008
0

Apulia Torre dellOrsoEl verano pasado decidimos dedicarnos al Salento, parte inferior de la Apulia, región tan llena de sorpresas que merece la pena describirla y descubrirla con calma. Dónde está? En el sur de la península italiana y precisamente en el último trocito de la bota, que parece intente pisar la península de los Balcanes.

Bien aterrizamos en el aeropuerto de Brindisi y, después de haber recogido las maletas, salimos a la calle para ir al aparcamiento de enfrente al hall. Una ola de calor intenso y húmedo nos abofetea la piel. Cogemos el coche que habíamos alquilado y nos vamos rumbo a la provincia de Leche: es una buena carretera. Recorremos, bajo el sol de mediodía que quema el asfalto, una Brindisi –Leche muy bien señalizada. A los lados nos acompañan olivos, olivos, olivos, viñas, olivos. A medida que nos acercamos a Leche los campos dibujan su geografía con muros de unos 100, 150 cm de altura construidos “en seco” con piedras puestas unas encima de otras irregular pero firmemente encajadas entre sí hace décadas e incluso siglos, con una antigua técnica existente también en otros paises del Mediterráneo, por los campesinos encargados de “limpiar” los campos para poderlos cultivar. Ya en las cercanías de Leche cogemos un anillo de conjunción (una especie de M-30) que rodea la ciudad, en dirección a Otranto. Después de unos kilómetros llegamos a la carretera litoral. Un espectáculo maravilloso aparece delante de nuestros ojos. Los rayos del sol reflejándose en las aguas del mar, parten su azul en mil pequeños fragmentos.

Pasamos delante de la reserva natural del WWF «Le Cesine», restos de un ambiente húmedo y palustre que antes era mucho más amplio y extendido a lo largo de la costa y que hasta el final de los años cuarenta era fuente de difusión de la malaria entre los campesinos.

La carretera, bastante recta, está rodeada a los lados por bosques de pinos marítimos y lo que queda de los típicos arbustos mediterráneos. Por el lado izquierdo, yendo hacia Otranto, de vez en cuando la vegetación nos deja ver trozos de costa: las rocas entran en contacto con el agua a veces dulcemente, otras de forma abrupta (en estos casos hay escalones o pequeñas cavidades excavadas por el hombre que permiten descender al nivel del mar y bañarse en sitios impensables a menos que uno no fuera hábil para tirarse desde una cierta altura, conociendo el fondo que lo acoje y la forma de alcanzar de nuevo la tierra sin arañarse). El mar ha modelado la costa dibujando pequeñas calas a veces de arena, otras de piedras redondeadas por la erosión.



Después de haber atraversado algunas localidades, seguramente casi vacias en invierno, llegamos a San Foca. Una pequeñísima aldea de pescadores hasta hace cinquenta años, un gran aglomerado urbano hoy. Merece la pena conocer la playa de “La Fontanella”, (óptima cuando el viento es “scirocco”), cuyo nombre procede del manantial de agua dulce que hace unos años se encontraba entre las rocas que la protegen de la carretera. Interesante la torre de vigilancia del siglo XVI, bien conservada y restructurada, donde se pueden observar algunos frescos de la misma época. El lugar posee también un buen puerto.

Continuamos nuestra ruta y después de tres kilómetros nos saluda la localidad de “Roca li Posti” con una serie de calas y rocas desde donde uno puede jugar a tirarse al mar. Inmediatamente después del centro urbano (unas cuantas casas de veraneo), parece que flotan los restos de unas murallas y de un castillo, que según la leyenda fueron destruidos por los turcos en unas de las muchas incursiones entre los siglos XV y XVI, pero en realidad fueron destruidos por Carlos V, para evitar que se convirtieran en uno de los centros de poder contra él. La misma suerte sufrió el puerto de al lado, casi totalmente enterrado. El mar ha convertido en pequeñas islas partes del castillo y también lo que queda de una torre de vigilancia. Se pueden alcanzar a nado y subir por las rocas agujereadas por la acción del agua.

Volvemos a la carretera y, superada una pequeña cala a la cual se llega andando, dejamos a la derecha un santuario y a la izquierda una serie de cuevas del siglo IV a.C. y restos de una necropoli. A lo largo de la costa sorprenden dos piscinas naturales. La primera está en contacto con el mar a través de un amplio y sugestivo tunel excavado por el agua que se puede recorrer nadando. Esta “piscina” se llama “La Poesia grande” , uno puede disfrutar de sus aguas bajando una escalera construida en las rocas o tirándose (dos o tres metros de altura) teniendo cuidado porque el fondo del mar no supera los dos metros y medio. La otra piscina, la «Poesía pequeña», comunica con la primera a través de un túnel que no permite el pasaje del hombre. En ella los arqueólogos hace unos años han encontrado inscripciones en mesápico (antigua población que vivía en estas tierras) y griego que testimonian que este lugar probablemente era un templo.

De hecho en esta localidad ha habido insediamentos humanos desde la edad del bronce. Quedan en los campos de alrededor, visibles, las bases de una muralla megalítica que rodeaba una pequeña ciudad, después habitada por los romanos.

Un kilómetro más allá, siempre en dirección Otranto, encontramos una estupenda bahía: es Torre dell’Orso. Desde la carretera se ve abajo la playa en toda su anchura mientras detrás quedan unas pocas dunas recubiertas de vegetación mediterránea que linda con un bosque de pinos maritímos. A la izquierda de la bahía se ven los restos de otra torre de vigilancia, mientras que a la derecha se abre en las rocas la entrada de una cueva llamada de “San Cristoforo”. La forma de la playa la dota de una especial protección a los vientos. Se aconseja frecuentar el lado izquierdo cuando el viento es “tramontana” y el derecho cuando sopla (mejor dicho no sopla) el “scirocco”.

Además de los alojamientos convencionales usuales en un gran centro turístico, se pueden alquilar pisos y habitaciones.

Hay que añadir que la costa que va desde Roca hasta Torre dell’Orso presenta algunas cuevas cuyo acceso se ve solo andando o preguntando a los del pueblo: normalmente se baja por unos escalones (tener cuidado a la posible basura que haya) y recorriendo un tunel se llega directamente al mar donde nos espera la posibilidad, a veces, de refrescarnos tirándonos al agua, en lugares donde a primera vista parece imposible poder llegar a bañarse.

Y aquí nos paramos por hoy. Continuará.

(Foto: María Clara Fuerte)

Comentarios (0)

Se el primero en comentar.

Queremos saber tu opinión

Sscrbete a eViajado.com
Publicidad
Publicidad
Publicidad
© Copyright 2020, Blogestudio está gestionado con WordPress