Europa

Los sitios que no te puedes perder si visitas la capital danesa

Déjate envolver por la magia de Copenhague
Cristina Torres
08:43h Lunes, 03 de abril de 2017
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Déjate envolver por la magia de Copenhage

Copenhague es la capital de Dinamarca, el país nórdico de menor extensión. Una península y varias islas bañadas por el mar del Norte y el mar Báltico y conectadas entre sí por atrevidos puentes.

Es uno de los países más avanzados, con una gran cultura, igualdad social y un nivel de vida muy elevado. Su idioma es el danés, aunque la mayoría habla inglés; y su moneda la Corona Danesa, pero el euro es comúnmente admitido.

Dinamarca: Mucho encanto en poco espacio

2.500 Kms. nos separan de Copenhague, a dos horas y media de vuelo. Su clima es bastante variable: frío en invierno, lluvioso y con nieve; más cálido en verano; y, al estar rodeado de agua (ocupa algunas islas danesas próximas a las costas de Suecia) cuenta con bastante humedad en el ambiente.

Originalmente fue un pueblo vikingo de pescadores fundado en el siglo X, convirtiéndose en la capital de Dinamarca a principios del siglo XV. En la actualidad es la ciudad más poblada de Dinamarca, alberga alrededor de 1.200.000 habitantes, el 20 % de la población de todo el país. Es un lugar concurrido, pero sin las mareas de turistas que podemos ver en otras grandes capitales europeas. Elegante, natural y moderna.

Posee lugares interesantes para todos los gustos. Los más simbólicos son: la famosa sirenita; los palacios de Rosenborg, de Amalienborg, de Christiansborg; Nyhawn, Christiania, los jardines de Tivoli…

Paseando el mar

Visitar Copenhague es embriagarse de colores y olores, trasladarse fácilmente y en poco tiempo, por la zona turística de un centro urbano muy peculiar, repleta de lugares idílicos.

Rodeados de azul, acariciados por una suave brisa, mientras el agua golpea levemente las rocas. Los barcos pasan lentamente ante nuestros ojos, algunas grúas del puerto se recortan en el horizonte. Junto a nosotros una figura entrañable asentada sobre granito. Sí, estamos en el Parque Langelinie contemplando la famosa Sirenita, fundida en bronce, inspirada en un cuento de hadas escrito por el danés Christian Andersen.

Desde allí, atravesando zonas ajardinadas (la ciudad ostenta el título de Capital Verde Europea desde 2014) nos acercamos al Museo Nacional de Dinamarca junto al Jardín Botánico y, en frente, el imponente Palacio de Rosenborg, con sus numerosos ventanales y tejados verdes.

Recorremos sus cuidados jardines y nos acercamos a otro de los palacios de la ciudad, el Palacio de Amalienborg, residencia de la familia real danesa en Copenhague. Nos envuelve un espacio muy cuidado formado por una plaza octogonal adoquinada, donde se realiza el típico cambio de la guardia real, y cuatro edificios de estilo rococó. Como telón de fondo la bahía y en el lado opuesto la Iglesia de Mármol con su enorme cúpula, que merece ser contemplada desde el interior.

El contraste lo encontramos en Nyhawn, muy cerca de allí, uno de los lugares más emblemáticos, con sus casas de colores junto al canal y el olor a viandas bien preparadas que nos invita a disfrutar de una comida o una cerveza fría en alguno de sus muchos restaurantes con terraza, en la calle más colorida y pintoresca de la ciudad.

Otros lugares claves de Copenhague

Con fuerzas renovadas nos disponemos a visitar otro enclave especial, el Palacio Christiansborg, neobarroco, de líneas sencillas y elegantes, muy del estilo de los palacios nórdicos de la época, inconfundible por su alta torre central rematada por una corona. Es la sede del Folketing, el parlamento; la oficina del primer ministro danés y el Tribunal Supremo.

El edificio cuenta con varias salas utilizadas por la familia real para actividades diplomáticas, como el magnífico Salón del Trono, decorado con tapices que representan los acontecimientos más importantes de la historia danesa y donde se encuentra el balcón en el que son proclamados los monarcas.

Junto al palacio se sitúan varios museos y la moderna Biblioteca Nacional acristalada, pero nuestro objetivo, ahora, es llegar cruzando el puente que une la city con una pequeña isla, a la original torre que se divisa, perteneciente a la iglesia de Nuestro Salvador, Our Saviour.

Un poquito más adelante, junto a un bonito lago está la ciudad libre de Christiania, una comunidad de estilo de vida hippie, hospitalaria y amable. Nos entretenemos descubriendo todos los callejones, mercadillos y rincones con encanto que nacen de la calle central, a tramos de asfalto, a tramos de adoquines, y a tramos sencillamente de tierra, sobre la que no pude circular ningún tipo de vehículos, y en la que se encuentran algunos bares, tiendas con trabajos de artesanía, centros culturales, y marihuana, aunque esta no sea lo más importante de este lugar tan curioso de Copenhague.

Empieza a caer la tarde y nos trasladamos al centro financiero de la ciudad, a la Plaza del Ayuntamiento, con su edificio de ladrillos rojos que contrastan bajo sus cubiertas grises y verdes. En torno a él podremos contemplar muchas construcciones de estilo típicamente danés.

Justo al lado podemos descansar en los jardines Tivoli, que cuentan con el parque de atracciones más antiguo de Europa, fundado en el año 1843. Es acogedor y se conserva de una forma exótica y exuberante muy parecida a sus orígenes. Las atracciones permiten descubrir la mitología nórdica, los cuentos de Christian Andersen, y, si nos atrevemos a subir a la noria, la vista sobre la ciudad, plagada de edificios antiguos y modernos y multitud de torres, entre las que destaca la Rundetårn, la Torre Redonda, construida en el siglo XVII como observatorio astronómico.

Pero volvamos al suelo de Copenhague para conocer su principal calle peatonal: Stroget. Más de un kilómetro repleto de tiendas y restaurantes, un gran ambiente, y como es el momento de cenar (allí la comida principal del día), nos llega el olor a marisco, arenque o bacalao, y el de la típica carne ahumada. Sin olvidar las salchichas y la enorme variedad de quesos, o el postre de tarta de fresas y pastel de manzana. Todo acompañado por la prestigiosa cerveza danesa.

La noche se ha echado encima y tiene su encanto, basta con imaginar iluminados los lugares mágicos que hemos recorrido y unir a ellos las alternativas nocturnas de esparcimiento que ofrece la ciudad, locales con estilo peculiar que incluyen salones de billar, inmensas pistas de bailes, áreas para partidas de futbolín o música en vivo. Increíbles lugares llenos de diversidad cultural con un ambiente animado.

Y otra alternativa, no menos original, es desplazarse a Dragor, típico pueblo danés pequeño al borde del mar en el que se respira tranquilidad por todos lados. Tiene un bonito puerto y al fondo podemos ver de cerca el famoso puente que une Dinamarca con Suecia y contemplar una puesta de Sol entrañable. Está a cuarenta minutos pero merece la pena.

Bueno, pues sólo nos queda ahorrar, porque en Copenhague las cosas son un poco caras. Así que ya sabes: ahorro, y luego, carretera y manta; en este caso mejor, avión y abrigo.

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