Europa

Destinos ideales para disfrutar en Semana Santa

Semana Santa, ¿en Teruel o en Lisboa?
Cristina Torres
13:08h Viernes, 31 de marzo de 2017
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Semana Santa, ¿en Teruel o en Lisboa?

Cualquier “puente” es bueno para viajar y llegan las fechas de la Semana Santa, que permiten encadenar cuatro días para desplazarse al lugar elegido. Como este año cae a mediados de abril, la climatología puede ser más benigna, aunque en primavera ya se sabe, un “pasito pa lante” al verano o un “pasito pa tras” al frío invierno.

En esta ocasión voy a ofrecer dos posibilidades, dos ciudades, la más cercana Teruel, más distante Lisboa, pero tampoco muy lejos. No las presento desde el punto de vista del turismo religioso, aunque las dos tienen sus peculiaridades en esta fechas indicadas: Teruel, con sus cornetas, tambores y bombos. Lisboa, con sus particulares procesiones.

Teruel: el encanto de lo pequeño

Teruel existe, no lo olvidemos, su capital que lleva el mismo nombre, fue fundada en el año 1.171 por las tropas de Alfonso II de Aragón. Es una pequeña ciudad amurallada, rodeada de naturaleza y con una gran calidad de vida, situada al sur de Aragón, sobre una muela (meseta elevada) próxima a la confluencia de los ríos Guadalaviar y Alfambra. Uno de los enclaves más hermosos de España.

Es una población seductora, tranquila, viva y llena de sorpresas; un espectáculo de colores y sabores. Su centro neurálgico se encuentra en la fuente del Torico que está en la plaza de su nombre. Una espacio rodeado de soportales donde abundan los comercios, oficinas y servicios de restauración. Desde allí se puede acceder, por un lado, a la parte alta, la más antigua. En ella las calles se desparraman sin geometría definida y llenas de encanto. Y, por el otro lado, se encuentra la parte llana, con calles rectas y en forma de parrilla.

La ciudad de Teruel es uno de los ejemplos más representativos del arte mudéjar, reconocido como Patrimonio de la Humanidad. El mudéjar es la simbiosis del arte románico y gótico, incluso renacentista, propios de la cultura cristiana, con los elementos decorativos más característicos de la arquitectura musulmana.

En este singular estilo, lo decorativo se superpone en perfecta armonía con lo meramente constructivo, a través del uso de filigranas a base del ladrillo, material de construcción mudéjar por excelencia y con motivos de cerámica turolense vidriada, con su típico color verdoso. Los ejemplos más representativos se pueden contemplar en las esbeltas torres de El Salvador, San Martín y San Pedro, cuyo ábside exterior posee una gran belleza. También destaca la Catedral, con su artesonado de madera y su elegante cimborrio levantado sobre el crucero.

Cuando a comienzos del siglo XX surgió el modernismo, en Teruel dará lugar a lo que se conoce como neomudéjar, de ese estilo es la puerta de la fachada sur de la Catedral y la obra funcional conocida como la Escalinata, que salva el desnivel entre el centro histórico y la estación de ferrocarril.

La localidad ostenta también el título de Ciudad del Amor, por los famosos amantes de Teruel, Diego e Isabel, cuyos restos se pueden ver en el Mausoleo de los Amantes que acoge sus momias.

Y todo ello aderezado con el Jamón de Teruel como producto estrella su rica y variada gastronomía, donde no falta ni el cordero (también denominado ternasco en Aragón) ni, entre los dulces, los “Suspiros de Amante”, la trenza mudéjar y las frutas de Aragón. Teruel existe y sabe muy rico experimentarlo.

Lisboa, donde el río Tajo se hace mar

Lisboa es la capital de Portugal y su mayor ciudad. Situada junto a la espectacular desembocadura del río Tajo. Por su cercanía, su historia y sus monumentos, por sus tranvías, sus puentes y sus fados, merece la pena conocerla.

Para una estancia de dos o tres días, es recomendable la utilización del bus turístico, pues presenta una amplia oferta de rutas intercambiables, que nos permiten descubrir lugares que de otra manera se nos pasarían por alto, ya que abarcan un extenso recorrido a lo largo y ancho de la ciudad.

Si te trasladas al este, junto al río, a la moderna Lisboa construida con motivo de la Exposición Universal de 1998; podrás pasear por el Parque de las Naciones, contemplar el espectacular Puente Vasco de Gama o visitar la Torre y el Centro Comercial que llevan su mismo nombre, y el Oceanográfico. Cerca se encuentra también la original Estación Intermodal proyectada por el arquitecto e ingeniero español Santiago Calatrava.

Hacia el interior de la ciudad se halla el enorme centro comercial Colombo, el Estadio de la Luz del club deportivo Benfica, el jardín Zoológico y multitud de edificios modernos, acristalados, que captan la atención del visitante.

Al sur de la ciudad, en el final ya de la desembocadura, se localiza un espacio singular en el que además de degustar, en su lugar de origen, los famosos pasteles de Belém, se sitúa el Monasterio de los Jerónimos con el Museo de la Marina, y frente a él, a la orilla del río, el Monumento a los Descubrimientos, y a pocos metros de distancia, la defensiva Torre de Belém.

Y, enmarcado por todo el recorrido que hemos dibujado, aparecen, como en un anfiteatro que mira hacia el río, los barrios más típicos y turísticos de Lisboa: el barrio Alto y el de Chiado, la Baixa, los de Alfama y el Castillo. Todos ellos entorno a la mágica plaza porticada del Comercio, bañada por las aguas del Tajo. De ella nace una arteria comercial, repleta de tiendas y restaurantes, que conecta dicha plaza con la del Rossio, la de Restauradores y la del Marqués de Pombal. Y en torno a ellas, sus fados, el elevador de Santa Justa, la Catedral, el Castillo de San Jorge, y los miradores que contemplan, asombrados, cómo las aguas dulces se van volviendo saladas, mientras el sol o la luna, irisan su profundidad, no en vano a Lisboa se la conoce como “La Ciudad de la Luz”.

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