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Conoce el Museo Obrero en Copenhague

Aprende más sobre el movimiento obrero danés
Carla de Oyarbide
12:00h Miércoles, 22 de octubre de 2014
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museo obrero

Copenhague es una de las capitales más acogedoras del norte de Europa, repleta de encanto, con cafés y tiendas que son un deleite, con restaurantes donde comer muy rico, un casco histórico para enamorarse y recorrer una y otra vez, y calles ideales para pasear en bicicleta, uno de los medios de transporte más utilizados.

Copenhague es una de las ciudades más atractivas que combinan el “viejo mundo” con el “nuevo mundo”, con edificios vanguardistas y palacios, con construcciones modernas y vestigios de otros años. Cultural por donde se la mire, también es ciudad de museos.

Desde hace varios años ya, se puede visitar un museo dedicado a los trabajadores: el Museo Obrero se encuentra justo al lado del nuevo mercado cubierto de Torverhallernekbh, en pleno centro de la capital y constituye una salida interesante para hacer en familia. Desde 1983, se erige este museo que recoge lo más representativo de la clase trabajadora danesa, y que tiene su sede, justamente, en la antigua casa de reuniones del movimiento obrero, original de 1879.

Este museo propone aprender y conocer más sobre los albores de este movimiento que comenzó a desarrollarse a fines del siglo XIX y siguió con más fuerza en la centuria siguiente. Aquí, se podrán ver edificios reconstruidos de la década del 30 y del 50 que, de una manera auténtica y bien lograda, muestran como era la vida cultural y laboral de entonces, así como la sociedad en general.

Además de las exposiciones permanentes, el museo tiene también exhibiciones transitorias que van variando según la temporada. Las temáticas siempre son históricas o culturales, y tienen alguna relación con el trabajo, sus cambios y protagonistas. También suele organizar actividades infantiles para dar lugar a los niños e incluirlos en una propuesta cultural que puede visitarse a diario, de 10 de la mañana a 4 de la tarde.

Y para después del recorrido por sus espacios expositivos, en la segunda planta también se podrá disfrutar de una cafetería que sirve más que buen café danés: de los mejores bizcochos de la zona, preparados a la manera tradicional. En el sótano, se encuentra el restaurante Vin g Olhalle, que también sigue las costumbres de antaño y destaca por ser el único en toda la ciudad que ha conservado tanto el interior como el menú de platos desde que abrió sus puertas, en 1892.

 

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