Europa

Aix-en-Provence

Por María Clara Fuerte, en 14 de Febrero de 2008

Cezanne2006Aix y yo nos conocimos en una ocasión especial, al atardecer. Cézanne había muerto hacía cien años y la ciudad rebosaba de manifestaciones culturales, exposiciones que no se volverán a ver, gentes por la calle vestidas con los trajes populares, coches de época girando por el centro…

Llegué al hotel, junto con toda la familia, alrededor de las cinco y media de la tarde. Estábamos cansados, así que agradecimos la atención que las cadenas francesas de categoría media baja ponen en la elección del sitio para el aparcamiento, de forma que se pueda descargar el coche con facilidad. Comprobamos que, como siempre, las habitaciones estaban limpias y nos fuimos a dar un paseo por la ciudad. Sabíamos ya que no habríamos podido visitar ningún museo, de forma que nos tomamos las cosas con calma. Y es así como una ciudad consigue enamorarte.

También Cézanne se quedó impregnado de los colores y olores de esta tierra, la suya y cada una de sus obras emana esa luz particular, esa forma de mirar que te deja la Provenza.

Nosotros no pudimos visitar entonces los lugares donde él había pintado, pues nuestro viaje tenía que continuar hasta la siguiente etapa, pero nos quedamos con las ganas. Por eso espero que estas líneas sirvan para que otras personas no cometan el mismo error. Han pasado ya dos años desde entonces, pero este verano será aún posible adquirir el billete único que sirve para visitar el “atelier des Lauves”, la “maison du Jas de Bouffan” y las “carriéres de Bibémus” a 12 euros por persona, desde el 1 de junio del 2008 hasta el 30 de septiembre del mismo año. Se puede reservar también via internet en www.aixenprovencetourism.com/aix-visite-cezanne-pass.htm

Llegamos a una plaza en cuyo centro sonaba alegre la caída del agua de una de las múltiples fuentes que adornan Aix: La La RotondeRotonde. La ciudad del agua, la llaman algunos, leía en la guía mientras caminabamos. Parecía que habíamos atraversado un túnel del tiempo. Los coches eran de época y giraban por las calles como si fuera la cosa más normal del mundo. Diversos grupos de personas bailaban vestidas con los trajes característicos de la zona, las mujeres con grandes faldas de telas oscuras con encima delantales llenos de colores. De vez en cuando dejaban de bailar y caminaban entre las terrazas, integrándose de esa forma con la vida del siglo ventiuno. Nos dedicamos a hacer fotos para inmortalizar ese momento curioso, nosotros vestidos de turistas, ellos de campesinos de lujo.

No nos apetecía sentarnos, después de llevar todo el día viajando en el coche, así que nos encaminamos hacia la calle principal, en la que habían instalado un ordenadísimo mercadillo de artesanía local. Reflejaba la ciudad. Encontrabas desde el collar realizado con metales modernos o fusiones de materiales particolares, usando las formas estilizadas que los jóvenes saben llevar con desenvoltura y elegancia, a los trapos de cocina realizados con cura representando puntada a puntada las plantas típicas de la Provenza, pasando por los encantadores saquitos de tela trasparente llenos de lavanda cuyo perfume hacen Aix inolvidable. No pudimos evitar elegir un par de detalles para llevar a nuestros seres más queridos.


Leyendo en la guida entendí que el ancho paseo arbolado en el que nos encontrábamos era uno de los puntos principales de referencia de la ciudad, corso Mirabeau, porque la divide en dos partes. La ciudad nueva se extiende hacia el sur y el oeste, mientras la parte antigua de la ciudad, con sus calles irregulares y las murallas de los siglos XVI, XVII y XVIII, está al norte. Parece que Aix tiene el encanto del hombre entrado en años, pero también la fuerza de la juventud : es un centro estudiantil importante, pues en ella se encuentra la sede de las facultades de leyes y de letras de la universidad de Aix-Marsella. Muchos pequeños apartamentos de la ciudad vieja son alojamientos para estudiantes, mientras que la parte nueva de la ciudad ofrece estructuras de estudio y de alojamiento alrededor de la universidad ( it.wikipedia.org/wiki/Aix-en-Provence)
Brujuleamos por las calles adyacentes para localizar el sitio donde al día siguiente tendríamos que sacar las entradas de la exposición organizada para conmemorar el centenario de Cézanne y volvimos hacia el coche. Dormir aquélla noche no fué de verdad un problema. El recuerdo del ruido del agua de las fuentes y de los olores de las esencias del mercado me cantó una dulce canción antes de apoyar la cabeza en la almohada.

Intentamos sin mucho éxito despertarnos pronto para evitar la que suponíamos una cola importante antes de conseguir entrar al museo. Cuando llegamos ya había bastante gente, así que decidimos separarnos. Dos se quedarían esperando y los otros dos aprovecharían para ir a ver Saint-Jean-de-Malto con tranquilidad y no a la velocidad que lo hacemos cuando vamos todos juntos. Caminando hacia la iglesia observamos las abombadas placas de metal que habían incustrado en el suelo para señalar el recorrido que sigue los pasos de Cézanne. Nos divertimos sacando una foto comparando la medida de nuestros pies entre sí, con la placa cuadrada en medio y alcanzamos las escaleras de la iglesia. El Museo Granet está poco antes de llegar, a la derecha.

Saint-Jean-de-Malto es del siglo XIII y contiene algunas pinturas importantes, pero no es ésto lo que se me quedó grabado de ella, sino la energía, la paz y el silencio que se respira dentro. Sé que no debería ser así, ni yo debería decirlo, pero no es tan sencillo encontrar lugares de culto que no hayan perdido su esencia.

Los amantes del arte encontrarán seguramente más interesante la catedral de San Salvador (San-Sauveur), costruída entre los siglos XI y XIII y situada a una manzana del corso Mirabeau. Su fachada muestra un rico portal gótico con puertas laterales elegantemente esculpidas y en la parte norte se puede observar una torre sin terminar. Dentro se pueden admirar tapices del siglo XVI, diversas obras de arte y una pila bautismal. Al lado sur de la catedral se encuentran la residencia de los arzobispos y un claustro románico (it.wikipedia.org/wiki/Aix-en-Provence)

El móvil que no había apagado me recordó que teníamos que volver al portal donde los demás nos esperaban. Por fin entramos en la exposición. El museo abría después de algunos años de restauro, había sido renovado y ampliado. No gastaré tinta explicando la magnificiencia de Cézanne, lo que sus cuadros provocan en vista y olfato. Simplemente pensé que los novecientos kilómetros que habíamos hecho para llegar hasta allí habían valido la pena. Entrada al museo Granet
El Museo Granet hoy exhibe alrededor de 600 obras entre cuadros, esculturas y repertos arqueológicos: telas de la escuela francesa del siglo XVII, una sala dedicada a Paul Cézanne y a 9 de sus oléos, la colección “Desde Cézanne a Giacometti” (con obras de Giacometti, Picasso, Léger, Klee, de Staël, Tal Coat, Velde…), las colecciones de las escuelas europeas (flamenca, italiana, olandesa), con Rubens, Rembrandt…una galería de esculturas y la sala Entremont (esculturas celto-ligures provenientes del sitio del mismo nombre). El acceso es gratuito para todos el primer domingo de cada mes y siempre para menores de dieciocho años, estudiantes de Bellas Artes, Historia del Arte y Arquitectura, personas en paro desde hace mucho tiempo o con derecho a ayudas sociales, acompañadores de personas con mobilidad reducida o no vedentes y amigos del museo (it.wikipedia.org/wiki/Aix-en-Provence) El museo Granet aún contiene la maravillosa pintura de In gres, Júpiter y Teti, una de las máximas manifestaciones de la pintura neoclásica.

Para despedirnos de la ciudad, comimos por sus calles, observando la variedad de sus gentes, oyendo su modo de comunicarse. Aix me pareció abierta, alegre, sonriente, cualidades raras en una ciudad francesa, salvo alguna excepción como Aviñón, pero esto pertenece a otra historia.

Más información acerca de la ciudad y todo lo que ofrece se encuentra en www.aixenprovencetourism.com

Nosotros usamos a menudo Campanile porque damos importancia al hecho de tener la limpieza asegurada y nos parece cómodo, a pesar del precio reducido que pagamos siempre aprovechando las ofertas internet familiares, tener a disposición en las dos habitaciones contiguas que nos dan siempre, el pequeño desayuno que ofrecen. A veces se agradece poder hacerte un tè en el hervidor eléctrico antes de irte a dormir. O poder entretener a los niños por la mañana temprano sin tener que ducharlos y vestirlos tomando algo caliente con galletas mientras tu descansas otro ratito.
Aix ofrece una gran gama de hoteles, para todos los bolsillos. Para consultar ofertas, el sitio http://www.booking.com/aix-en-provence ayuda a hacerse una idea rápida de la situación, desde la disponibilidad hasta la ubicación (lo ideal sería poder imprimir el mapa, pero hasta hoy yo no lo he conseguido). No cobran comisión por la reserva y de consecuencia resulta más económico que otros gestores.

Foto fuente: www.aixenprovencetourism.com

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