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Tormenta de ideas en Palma de Mallorca

Todos los años, una vez
Juan Luis Pérez
08:00h Jueves, 12 de febrero de 2009
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Una vez al año, a la misma hora, en el mismo lugar: así era el resumen de nuestra reunión anual en Palma de Mallorca. Todos los representantes de la empresa sabíamos que, a mediados de agosto, era tiempo de viajar a España para reunirnos con el resto y, de ese modo, hacer balance. Una vez pregunté el porqué de Palma y la respuesta fue: “Porque es una ciudad de negocios”. Y con esa frase me quedé.

El pueblo de Palma

El pueblo de Palma

No era exactamente un encuentro ejecutivo, sino la llamada y famosa “lluvia de ideas”. Los once representantes nos reuníamos allí a tirar propuestas, como aquella lluvia que cae del cielo en días de tormenta.

Y, como esos encuentros eran demasiados jugosos, yo terminé por llamar a esas reuniones “temporales”; porque caía granizo de cada cuaderno que se habría y de cada proyecto que se esbozaba. Éramos todos muy creativos y, como recompensa, la empresa nos mandaba a pensar una semana a Palma.

Diez años hace que vengo – que venimos los once sin ninguna alta ni baja- a esta ciudad española, capital de las Islas Baleares, ubicada dentro del terreno de la Isla Mallorca. Después de este tiempo considerable, siempre acudiendo en la misma época, armo mi maleta con los ojos cerrados.

Clima mediterráneo es igual a temperatura cálida, y más en agosto donde se registran los días más calurosos. Por eso en mi bolso cargo ropa cómoda, fresca, clara y liviana; indumentaria “casual”, como se le dice. Todo acostumbra a ser ideal, y es recomendable alquilar un coche para desplazarse. Hay mucha oferta, tanto en el aeropuerto como en lugares de costa, por ejemplo podemos tomar un coche de alquiler en Can Picafort.

Panorámica de la ciudad de Palma

Panorámica de la ciudad de Palma

Todos aquí desistimos de usar el traje de trabajo, nadie nos observa y, para poder pensar, necesitamos la comodidad.

Como los onces arribamos aquí desde distintos puntos geográficos, el encuentro es siempre a la misma hora, en el lobby del hotel. Si bien siempre hay que esperar a algún demorado, la convocatoria es efectiva. Nunca escuché que ninguna empresa haga lo que la nuestra con nosotros, vaya a saber.

Estos encuentros tienen un halo de aventura. Somos once personas que no nos vemos – sólo conversamos por teléfono- en todo el año, pero en un mes del ciclo nos reunimos y pasamos juntos una semana. Podríamos decir que somos buenos compañeros, no llegamos a ser amigos porque, cuando uno engancha con otro, al otro año puede haber cambiado el panorama de su vida, y el supuesto amigo sin saberlo.

Allí no sólo nos dedicamos a trabajar, también disfrutamos del ocio, salimos a comer, hacemos algún paseo y nos divertimos bastante. Es un grupo sin subgrupos.

Palma tiene la particularidad de acercar lo lejano; todo pareciera estar junto, las distancias eternas no existen aquí. Entonces, todo ese desarrollo, todo ese movimiento constante de negocios es una postal imposible de no ver.

Al ser el motor de la economía balear, su estructura arquitectónica cuenta con espacios para congresos, parques tecnológicos, auditorios, hoteles y centros de trabajo. A su vez, la oferta de restaurantes también está preparada para recibir a la gente que llega en plan de negocios.

Seguramente, debido a toda esta estructura adrede, es que la empresa decide enviarnos aquí; nosotros agradecidos.

Recuerdo que el viaje del año pasado resultó ser muy agradable. Desde el momento en que nos juntamos en el hall, las caras de todos revestían alegría, comodidad. Nos saludamos, como siempre, con afecto y sorpresa, porque si bien sabíamos que nos encontraríamos, la confirmación era de frente.

En estos diez años no faltó nadie. Todos sabemos que en el mes de agosto de todos los años, nos toca, y que la fecha exacta se nos da en los primeros días del ciclo.

Si bien no conozco otras empresas que reúnan, con fines creativos, a su departamento en el mundo, en Palma se ve a muchos profesionales en congresos, exponiendo sus proyectos y avances. Uno se da cuenta al caminar; uno se da cuenta que la gente que transita no es ciudadana, como nosotros. En realidad, los ciudadanos se preparan para recibirnos, se siente en el ambiente, en la variedad de locales.

Ese día del año pasado en que nos juntamos, no tardamos – como en otras ocasiones- en decidir hacia donde ir. Todos teníamos calor pero también queríamos disfrutar del buen sol. Fue así que nos subimos a la combi – que tenemos a nuestra disposición- con portafolios, carteras y agendas, y rumbeamos hacia el Puerto de Mallorca.

Entramos en un restaurante; algunos pedimos café y otros algo para comer. En general, cuando trabajo tomo infusiones, necesito estar relajada para comer y, hacer las dos cosas al mismo tiempo, no puedo.

Este lugar es netamente inspirador – con razón nos mandan acá-. El puerto está enfrente de la Catedral y del Dique del oeste. Es utilizado para el transporte de mercancía, los barcos pesqueros, el transporte de pasajeros y demás.

En un momento mi mirada se perdió en el Muelle de Peraires, conde cruceros y barcos arriban desde Barcelona, Ibiza, Valencia, Mahón y Denia, y parten hacia allí. Mientras algunos comían, yo me entretenía mirando a la gente que llegaba o regresaba.

Luego empezó la primera reunión. Si bien no tenemos un cronograma, nosotros debemos aterrizar en nuestros sitios de trabajo llevando una lista de proyectos, por lo menos sus esqueletos. Es por eso que, siempre, nos juntamos un par de horas a la mañana o al mediodía, todos los días, para luego poder disfrutar.

Nos gusta implementar técnicas de creatividad para hacer más llevadera la jornada y porque, creemos, son realmente efectivas. La de los seis sombreros es la mejor, pero hay muchas.

En ese viaje, más que en todo el resto, paseamos mucho. Visitamos lugares que jamás habíamos pisado como la Catedral de Santa María de Palma de Mallorca, el Castillo de Bellver, el Consulado del Mar, el Museo Es Baluard y el Pueblo español de Palma – en uno de los días de reunión-.Allí, luego de haber tenido una jornada de rendimiento exitosa, decidimos que a la noche iríamos a escuchar jazz.

La catedral de Palma

La catedral de Palma

Si bien es difícil acordar un programa entre once personas, para nosotros se hacía sencillo, por eso obteníamos resultados laborales, por eso viajábamos a Palma todos los años.

Recuerdo esa noche como una de las más lindas que pasé en Palma, en los diez años que llegamos hasta acá. Nos reímos mucho en la cena, disfrutamos de una velada de jazz inolvidable (que nos conmovió a todos), y luego fuimos a beber un trago. A una de mis compañeras se le ocurrió sacar su agenda de trabajo y empezar a anotar los disparates caídos del cielo.

En la reunión del otro día, sacó ese manuscrito y empezó a leer lo apuntado. Nunca jamás se habían esbozado tamañas ideas creativas. Habíamos superado las expectativas, por tanto, el resto del viaje sería para el disfrute.

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