Rara soy. Me defino como una tartamuda testaruda trotamundos que, encima, se la pasa esquivando la mala suerte que pareciera perseguirla.

Cruces de tamaño real en el vía crucis venezolano
Tartamuda porque soy tartamuda. A pesar de que visité infinidad de fonoaudiólogos e inicié muchos tratamientos, jamás pude revertir mi situación. Entonces así quedé, hablando de cortado – que no es lo mismo que decir “de corrido”-.
Lo de testaruda viene de mi afición por hacer siempre lo que quiero sin escuchar al resto, y lo de trotamundos está relacionado con mi única pasión: viajar.
Ah, me olvidaba; también soy católica. Lo aclaro por si las dudas, aunque no sé si hago bien, pues sólo creo – no voy a la iglesia, ni creo en la iglesia-, y tal vez se interprete de otro modo.

El color de la Semana Santa en Venezuela
Me gusta participar de las reuniones de otros grupos religiosos, escucharlos, entenderlos y presenciar algunas de sus celebraciones.
A decir verdad, la religión es mi afición, sea cual fuera su color, su forma, su historia y su presencia. Me alimento de religión en cada punto al que llego como viajera. Soy un bicho raro, como dice mi madre.
Durante la Semana Santa de 2007 tuve la opción de tomar uno de los vuelos a Ibiza, pero opté por u viaje a Caracas. No fue azaroso, fue planificado. Siempre preparo un viaje para esa fecha, y no por mi vocación católica, vuelvo a repetir, sino porque me gusta ver cómo cada cultura transita estos eventos universales, como los internaliza.
Me habían contado que el vía crucis venezolano exponía una receta poco tradicional; un modo de recrear el camino de Jesús, a su manera, a la manera venezolana. Ya había caminado por esas calles picantes y sabrosas en otras oportunidades, pero nunca para esta fecha.
Había consultado el cronograma de actividades- con antelación- y allí me sumergí con mi tartamudez, mi testarudez, mi vocación de trotamundos, y mi catolicismo poco convencional.
A diferencia de lo que podía presumir, en Venezuela, la angustia le deja el paso a la alegría. No porque los venezolanos no sean fieles a las costumbres o a las versiones oficiales, sino porque su espíritu derrama color y ese es el sello que le imprimen a todas sus veladas.
Vestidos con trajes púrpuras, con coronas de espinas en sus cabezas, y llevando en sus hombros cruces de tamaño real, caminan las calles regalando sonrisas y meneando sus cuerpos en una suerte de baile moderado.
Me acoplo al camino, intento copiar ese movimiento y saco fotos. Mi tartamudez y el ruido de la procesión, me impiden preguntar el porqué de tal toque de color al vía crucis. Me quedaré con la duda o lo averiguaré el domingo de pascuas.
Es domingo, mientras miro a un muñeco, similar a Judas, incinerándose, una ronda de venezolanos bailadores inician “la echada de los cocos”, un ritual en el que deben bailar, con un coco en la cabeza – intentando sostener el propio y voltear el del competidor-.
Saco muchas fotos. Siento timidez pero, a causa de mi testarudez, suelto la cámara, agarro un coco y me pongo a bailar.

Añadir a Del.Icio.Us



Comentarios de “Semana Santa en Venezuela”
Aun no se han realizado comentarios.