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Colombia

San Andrés, la mejor fiesta de quince

Velitas para cinco en un verdadero paraíso
Daniela Escribano
08:00h Sábado, 03 de octubre de 2009
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A ninguna de las cinco le gustaba lo tradicional. Ninguna de las cinco soñaba con el vestido blanco, el vals y la cintita. Ninguna de las cinco soñaba con tener una fastuosa fiesta de quince,o los viajes a Disney; aunque todas deseábamos festejar.

Aguas turquesa en las playas de San Andrés

Aguas turquesa en las playas de San Andrés

Pero, según creíamos, el festejo no implica, en todos los casos, reunión. Por eso pensábamos que una buena posibilidad, para festejar el alcance de esta edad, sería irnos de viaje.

Éramos cinco quinceañeras que nos conocíamos desde el Jardín de Infantes; de ese modo, nuestras familias se conocían y tenían una relación más que fortificada.

Por eso fue que, entre las cinco familias se empezó a pergeñar aquel viaje maravilloso en el que crecimos, soñamos y nos elegimos como amigas para toda la vida.


Paradójicamente ninguna de las cinco soñaba con viajar Disney World; no era que no nos interesaba conocer aquel mundo de fantasía, pero nos tiraba más la playa, el mar, el ambiente caribeño.

Las costas de un verdadero paraíso

Las costas de un verdadero paraíso

Luego de buscar, y consultar, llegamos a un acuerdo: nos iríamos de viaje a San Andrés, Colombia, a esa isla encantadora en la que, cada una de nosotras soplaría sus quince velitas y pediría sus tres deseos.

Sucede que San Andrés es la más grande de las islas que forman parte de Providencia y Santa Catalina; sucede que es un terreno de fantasía, sucede que ostenta las aguas más turquesas del mundo.

Bastó con mirar las fotos de aquel lugar para decidirnos a soñar con conocer el paraíso.

Nuestros padres se encargaron de comprarnos un gran paquete que nos mantendría súper contenidas: hotel all inclusive, excursiones, traslados y paseos. Porque sí bien éramos bastante maduras, no dejábamos de ser chicas.

Así fue como un día, este quinteto de jovencitas, que en ese tiempo soñábamos con conquistar el mundo, partió hacia ese particular sitio, considerado Reserva Mundial de la Biosfera.

Lógicamente no pegamos un ojo en el viaje. Nos la pasamos conversando sobre la arena blanca que habíamos visto en las fotografías; ¿sería así o sería un efecto de cámara? ¿Nos vendrían a buscar? Y sí quedáramos varadas: ¿Quién nos socorrería?

Entre estas dudas transcurrió aquella charla que vedó el sueño de las cinco. Y el tiempo pasó y pasó, hasta que llegábamos.

“Bienvenida al paraíso”, nos dijo un hombre guapo, cuya nacionalidad no identificamos. Es que habíamos arribado a una isla multi-étnica, poblada de inmigrantes de todo el mundo.

Verdaderamente San Andrés era el paraíso y nosotros teníamos la posibilidad de descubrirlo.

Todo surgió de manera natural: nos fueron a buscar, nos pudimos alojar, pudimos pasar diez días inmersas en aguas turquesas, y pudimos soplar nuestras velitas todas juntas, al unísono.

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