Sólo había escuchado mencionar la ciudad de Tánger, pues soy un fanático acérrimo de los Rolling Stones y ellos pasaron una temporada allí, luego de que, como yo ahora reproducía, tomaran vuelos a Tanger.

Un costado brillante de la ciudad de Tánger
Por lo demás, nunca más había oído hablar de las características de este sitio, hasta que un día mi empresa me informó que sería enviado a trabajar durante unos meses allí.
Sorprendido es un término poco feliz para caracterizar la sensación que invadió mi cuerpo.
Por un lado estaba contento, ya que la empresa me había elegido para representarlos en el exterior. Pero también estaba asustado, desorbitado y triste.

La Medina, Tánger
Entonces me tomé el trabajo de empezar a investigar un poco sobre aquella ciudad del norte de Marruecos, que pronto iría a ser mi casa.
Por otro lado pensaba que los Rolling habían estado allí, así que algo de bueno debería tener.
Y así me fui, y así partí, con más incertidumbres que certezas, a la conquista de mi nuevo hogar.
Cabe decir que- y esto lo averigüé antes de partir- además de los Stones, muchos otros artistas tuvieron un raudo o meritorio pasaje por Tánger; vuelvo a repetir, algo debería tener.
Y un día llegué a Marruecos, llegué a Tánger, colmado de valijas, pues no estaba en plan de viaje sino que me instalaría allí.
Lo primero que me gustaría decirles de esta ciudad, que aún hoy sigue siendo mi casa, es que tiene un no sé qué de luz y color que ya de antemano te conquista.
No pude más que remitir a esta condición, la reiterativa presencia de músicos, artistas plásticos y demás obreros del arte en esta tierra.
Esta ciudad se encuentra situada en la costa del Estrecho de Gibraltar, en el extremo occidental, encima de una colina.
Por tanto, para acceder a la región, tuve que tomarme un barco desde Algeciras. Sin embargo, ese viaje, de aproximadamente setenta kilómetros, no tuvo nada malo; creo que allí, anclada mi vista en los montes, le empecé a tomar el gusto a la ciudad.
Tenía una semana libre, una semana de adaptación al lugar, podríamos decir. Mi casa era muy bonita y mi coche también.
Por eso, a partir de una recomendación, diríamos “vecinal”, empecé mi semana de descanso recorriendo la Medina.
Mi impresión es que aquel barrio nada tiene que ver con la cultura marroquí, sino que se ha ido europeizando para el asentamiento de diplomáticos de ese continente.
Sin embargo, allí puede disfrutarse del Zoco grande, una especie de plaza que, con mercado y mezquita, nos ayuda a reconstruir algo del pasado de la ciudad. También puede visitarse el Zoco chico y la Alcazaba.
Mi casa quedaba cerca de la Ciudad Nueva, una zona de tiendas y cafeterías y sitios patrimoniales. Me preguntaba por dónde habrían andado los Stone, mientras me adaptaba a mi nuevo hogar.

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