Tres amigas y una aventura con reservas en hoteles en Lyon, ese podría ser un buen título para describir esta novela viajera. Teníamos veinte años y una vida por delante; mucha tela para cortar, en palabras de mi abuela.

Vista panorámica de la ciudad de Lyon
Trabajábamos y estudiábamos, pero teníamos ganas de viajar, de experimentar otros olores, otros paisajes, alguna aventura, un trayecto con gusto a travesía.
Maru, Rosa y yo éramos amigas desde los tres años. Habíamos compartido todo el ciclo educativo y mucha vida. Nos cuidábamos, nos aconsejábamos y nos sentíamos unidas a cada paso de nuestras vidas.
Muchos decían que éramos muy chicas para irnos, durante tres meses, a probar suerte a Lyon. Realmente tenían razón; éramos chicas, pero también sabíamos cuidarnos.
Habíamos elegido esta bella ciudad francesa como destino crucial, pues, dos años antes, un grupo de amigos había experimentado en esa tierra y nos había convencido de repetir esa experiencia.

Confluencia de ríos en la tercera ciudad francesa
Las posibilidades de trabajo eran suficientes en Lyon y eso nos dejaba tranquilas. No obstante, llevábamos dinero para subsistir en caso de que la suerte no estuviera a nuestro favor.
Sería un viaje para pasear y conocer una ciudad hermosa – y algo más de Francia-, para juntar un poco dinero y para madurar un poco más; también para seguir afianzando nuestra amistad.
Algunos decían que tres no era un buen número para hacer grupo, pero nosotras no hicimos caso, nos llevábamos de perlas y evitábamos las disputas.
Contentas arribamos a Lyon, la tercera ciudad francesa, luego de París y Marsella. A sabiendas de que ese rincón era la capital de la gastronomía mundial, pensamos que las tres podíamos llegar a trabajar en alguna actividad relacionada con la comida.
Sin embargo, yo sola terminé desempeñándome como lavacopas en un glamoroso recinto gastronómico. Y estaba bien. Las tres teníamos trabajos distintos, conocíamos más gente y evitábamos el pegoteo.
Se hace difícil contar acerca de esta increíble experiencia, intentando ser escueta. Cómo describir que aquella era una ciudad magnífica, colmada de historia, pero también de luz y glamour.
Cómo decir que jamás volví a degustar los sabores que allí pude probar. De hecho, a escondidas del personal del restaurante, fui anotando en una libretita los secretos que más me sorprendían de esa cocina, pero nunca pude reproducirlos.
Lo mismo hizo Maru, quien, dedicada íntegramente a la fotografía, capturó, desde todos los ángulos, la parsimonia de los ríos Ródano y Saona; decía que no quería olvidarlos.
Y Rosa se convirtió en intérprete española de circuitos turísticos, y así conoció a fondo todo ese Patrimonio de la Humanidad.
Ese viaje fue más que una aventura; fue cambio, crecimiento, consolidación y felicidad.

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1 Comentario en “Lyon, la consolidación de una aventura”
[...] deberían ser importantes a la hora de imaginar nuestro viaje perfecto. La ciudad francesa de Lyon con sus plazas, su barrio medieval, sus museos y sus dos ríos nos ofrece un secreto más: sus [...]