Destacados, Relatos, Viajes
Inglaterra

Londres, una maravilla que no pude disfrutar

Sentirse pequeña al lado de una gran ciudad
Daniela Escribano
08:00h Martes, 22 de septiembre de 2009
0

Hoy, al ver una postal con el típico bus rojo londinense, me puse a pensar en aquel viaje. Lamentablemente yo no había podido disfrutar de mi estadía en esa ciudad tan maravillosa.

Buses rojos en las calles de Londres

Buses rojos en las calles de Londres

Sucedió que un día estaba en mi sesión de terapia y mi teléfono empezó a sonar. En ese momento sentí vergüenza por la interrupción, le pedí disculpas a la psicóloga y apagué el aparato.

En ese momento maldecí al que me hubiera llamado, en ese momento pensé que siempre estaba esperando el llamado telefónico que no llegaba, y ahora que llegaba yo no podía atenderlo.

En ese momento, justamente, me encontraba hablando de mi pésima situación laboral, de mi mala fortuna con las entrevistas laborales y de esos llamados que uno espera y nunca llegan.


Cuando salí del consultorio, prendí mi teléfono y vi que en la pantalla aparecía un número que no conocía. En ese momento me alegré pero no quise ilusionarme.

Típicas cabinas telefónicas de Londres

Típicas cabinas telefónicas de Londres

Marqué ese teléfono pero nadie me atendió. En ese momento pensé que tal vez era algo importante pero de momento y que, al no haber atendido en ese instante, había perdido la oportunidad.

Pero volví a marcar. Del otro lado me atendió una secretaria diciéndome que había sido becada para viajar a Londres.

Porque me olvidé de contar que, entre los muchos caminos que había emprendido en esos últimos tiempos, uno estaba relacionado con la posibilidad de hacer un Master en Inglaterra.

Y me alegré, y lloré y me convencí de que debía aceptar esa gran posibilidad. Y al otro miércoles volví a terapia y le conté la buena nueva a la terapeuta.

Ella, con todo su rigor profesional, me llevó a pensar que, de acuerdo a mi estado – una depresión profunda-, tal vez no estaba preparada para instalarme seis meses sola en una ciudad tan gris.

Me ofendí y abandoné la sesión antes de tiempo; hacía tanto que luchaba por una oportunidad y ahora que la tenía ¿no la iba a aprovechar?

Con esta premisa viajé a Inglaterra, viajé a Londres. Con esta premisa soñé con volver a ser la misma de antes, al amparo de una ciudad interesante y fantástica.

Era invierno y tampoco me preocupaba – aún cuando dicen que el frío de Londres mezclado con el gris del cielo genera una órbita depresiva-.
Y me instalé y pasé días recorriendo espacios emblemáticos como el Big Ben, como la Abadía de Westminster y la Catedral.

Sin embargo, al tercer día de estar allá, tuve el primer síntoma de recaída: me tomé uno de esos típicos buses de dos pisos, y estuve viajando alrededor de cuatro horas; iba y venía sin darme cuenta.

Al cuarto día ya estaba instalada en una cabina telefónica, intentando comunicarme con mi psicóloga. Londres era demasiado para mí. Estaba en la ciudad europea más parecida a Nueva York, un gran sitio en el que yo me veía más que pequeña-.

Comentarios (0)

Se el primero en comentar.

Queremos saber tu opinión

Sscrbete a eViajado.com
Publicidad
Publicidad
Publicidad
© Copyright 2020, Blogestudio está gestionado con WordPress