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Buenos Aires, Argentina

Guillermo E. Hudson, mi guía turística

Un lugar, un tiempo, el cambio
Juan Luis Pérez
18:00h Martes, 24 de marzo de 2009
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“Ambiciosa” esa era la palabra que utilizaban para adjetivar mi tesis de grado de la carrera de letras. Y qué más positivo que intentar generar un trabajo con ribetes ambiciosos, pensaba yo. Y así seguí.

Reserva Natural Guillermo E. Hudson

Reserva Natural Guillermo E. Hudson

Mi trabajo final incluía un libro, una hipótesis, un viaje, y una validación o refutación de aquella propuesta que había esbozado como verdad.

Con el libro “Allá lejos y tiempo atrás” partí hacia Buenos Aires, Argentina. Iría a comprobar cuán modificada estaba esa especie de guía turística que el escritor, Guillermo Enrique Hudson, había esbozado en el siglo XIX, a instancias de su vida en Quilmes, una ciudad de la zona sur de la provincia de Buenos Aires.

Esa tierra de La Pampa y el casco más céntrico de Buenos Aires, sería mi campo de estudio y una oportunidad de viajar a sitios totalmente desconocidos para mí.

El recuerdo del escritor

El recuerdo del escritor

Era un proyecto ambicioso, claro; yo tomaría ese libro y seguiría ese camino trazado por Hudson, en su infancia. Andaría por los rincones bonaerenses de una Argentina que, creía, se vería distinta a la de la actualidad.

Hudson había sido uno de los primeros naturalistas, y sólo me bastó con conocer su tierra para darme cuenta el porqué de aquella elección prematura. “Vivió rodeado de plantas, flores; su entorno fue puramente natural”, anoté en mi cuaderno que ya sumaba más de 30 hojas rayadas.

Mi itinerario se hizo de arriba para abajo; primero me instalé en una zona muy árida de la Región Pampeana y luego bajé y me asenté en la zona sur del Gran Buenos Aires, en un departamento de alquiler.

El barrio se llamaba Berazategui –partido de Quilmes cuando Hudson vivía allí-, a pocas cuadras de la Reserva Natural Guillermo Enrique Hudson.

Tenía, necesariamente, que vivir cerca de allí porque para mi tesis yo necesitaba ir y venir de la base física de estudio, cuantas veces fuera necesario.

Ir y venir, ir y venir, eso es lo que hice durante más de un mes allí. Entrevistando gente, paseando su zona – visiblemente alterada y urbanizada a sabiendas de lo relatado en el libro-, y casi instalándome en el rancho de los 25 ombúes, el lugar donde nació y pasó su infancia Hudson.

En el libro se hablaba de la cantidad de pastizales y árboles autóctonos que poblaban ese rincón, hoy quedan esos vestigios del pasado que pueden mirarse y disfrutarse. “Los árboles siguen de pié”, anota en mi cuaderno y seguí.

De la tierra al asfalto, de la tracción a sangre al automóvil y de las estancias al barrio humilde y subdesarrollado.

Luego de un mes, tuve material suficiente, me esperaba la Capital y la sensación de encontrarme con un mundo ciertamente diferente al descripto por el joven Hudson.

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