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Italia

El tío Valerio de Reggio de Calabria

Visitando una tierra que él quería hacer conocer
Daniela Escribano
08:00h Domingo, 27 de septiembre de 2009
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Me decidí y me fui. Un día me cansé de pensar y analizar y me decidí. Qué tanto analizar un viaje y cotizar vuelos, qué tanto pensar en los demás. Era hora de pensar en mí y lo iría a manifestar con mi certera decisión de viajar.

Reggio Calabria, paisaje costero al sur de Italia

Reggio Calabria, paisaje costero al sur de Italia

Mi tío Valerio, hermano de mi padre, vivía en Reggio Calabria, una de las cinco provincias que integran la región de Calabria, al sur de Italia.

Él siempre había vivido allí; en realidad se había ido cuando yo solamente tenía tres años y, a partir de ese momento, viajaba acá cada dos o tres años.

Y, por supuesto, cada vez que venía invitaba a todos para que vayamos para allá. Y mi abuela, su madre, le decía que no por sus problemas de presión. Mi padre le decía que iría, aunque todos en el fondo supiéramos que le tenía terror a subir a un avión.


Claro que le decía que sí y nunca iba a ir. Y así sucedía con todos. Entonces, ya cansado de las promesas incumplidas, decidió que no vendría más hasta que alguien de su familia se decidiera a visitarlo en su casa.

Un auténtico paisaje calabrés

Un auténtico paisaje calabrés

No voy a negar que yo siempre había tenido ganas de ir, para no tenerlas; escuchar a Valerio hablando de su Calabria, de las tradiciones, de las playas hermosas y de la atmósfera auténtica de esa tierra, era una de las cosas que más me gustaban en la vida.

Pero nunca, hasta ese momento, me había puesto a pensar fehacientemente en la idea de viajar.

Mientras tanto, mi abuela lloraba diciendo que nunca más iría a ver a su hijo, y mi padre renegaba puesto que, a su consideración, su hermano estaba enfermando a su madre.

Ninguno se planteaba la posibilidad de viajar, pero yo sí. Recuerdo el día en que anuncié mí decisión; a mi abuela, claro, le subió la presión, y mi padre, por primera vez, habló de su miedo al avión y me pidió que no viajara.

Pero ya estaba decidido, ya le había avisado al tío Valerio y él ya me había enviado el pasaje. Para colmo viajaba para septiembre, por lo que iba a poder participar de las fiestas patronales de Reggio Calabria.

Conocía esas fiestas de boca de mi tío; a él le encantaban y, como buen transmisor, había hecho que a mi entusiasmara participar.

Y por fin pude partir. Sabía que mi tío me esperaría feliz y emocionado, aunque nunca pensé que tanto. Ahí recién pude ver lo importante que era para él que su familia conociera su casa, su tierra.

Recuerdo que esa noche hubo fiesta. Me presentó a todo el pueblo como su “sobrina adorada”. Bailamos, disfruté de los rituales locales y degusté “frittoles”, un plato típico calabrés.

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