Destacados, Europa, Relatos
Las facetas de España

El sinfín de los opuestos

El ala menos conocida de Santander
Juan Luis Pérez
08:00h Viernes, 27 de marzo de 2009
0

Tengo tres cuadernos repletos de contradicciones y opuestos. Empecé por pensar porqué sí había un frío, debía haber un calor; sí había un alto debería haber un bajo; sí había un gordo, debía haber un flaco; sí había amargo, debía haber dulce y sí había agua, debía haber aceite.

Playa del Sardinero, Santander

Playa del Sardinero, Santander

Entendí entonces que el mundo está tan dividido porque, a cada opción que se presente, se le puede contrarrestar con un opuesto, y así emprender una división. Me enojé y luego me entusiasmé.

Empecé a hurgar en la resaca, en lo que había por fuera del lado A. Me empeñé en encontrar el lado B de todo historia y lugar; el costado no oficial, no institucionalizado, no políticamente correcto; lo que se esconde bajo la alfombra, o bajo las apariencias.

Y, en la búsqueda de seguir sumando páginas de cuadernos, empecé a viajar por la parte no turística, no comercial, no tan bella de las ciudades del mundo.

La noche de Santander

La noche de Santander

Cuando me decidí a viajar a Santander supe que tendría mucho terreno para desarrollar mis actividades. El anuncio promocional asentaba “la más noble, siempre leal, siempre benéfica y excelentísima ciudad de Santander”. ¿Tan correcta sería Santander?

Quiero que quede claro que el lado de mi búsqueda no implica cosas malas, ni peligrosas, sino que no abdica en la posibilidad de encontrar algo más, algo no tan masificado.

Santander pertenece a Cantabria, provincia ubicada en la costa norte de España. A simple vista se la podría denominar como una ciudad elegante y prolija, sin manchas en sus boletines.

La gente viste bien, las calles son refinadas, las tiendas presentan la moda más contemporánea y la modernidad pareciera abarrotar con furia a la tradición.

Pero como nada es lo que parece, debajo de esa no auténtica fachada superficial, hay mucha tela para cortar; cosa que me alegra y mucho.

Pues, entonces, mis recorridas empezaron a surtir efecto y, entre preguntas y recomendaciones, empecé a delinear – y caminar- el costado B que esta buscando.

Los diseños de jóvenes profesionales, la música Indie y las tiendas y bares –de pintura tradicional- empezaron a tomar protagonismo en mi viaje.

Y también me resultó empezar a saber que, en lugares turísticos como la plaza del Ayuntamiento, se pueden gestar movidas literarias y culturales.

Cruzar al Jardín de los Poetas o al Museo de Bellas Artes, y encontrar un mundo distinto al de la calle. Entrar en un sótano y respirar literatura con sabor a siglo XIX.

Saborear con tiempo una quesada en una confitería de Santander es otra de las conquistas a obtener, sí uno se divierte hurgando en la vidriera de la parte de atrás.

La noche frente a la bahía o en una calle perdida, o sentada en alguna de sus playas puede coronar un viaje exitoso.

Debajo de los paquetes atuendos de cristal, hay una linda ropa artesanal que puede ser más que interesante. Como azúcar, sal, como miel, limón.

Comentarios (0)

Se el primero en comentar.

Queremos saber tu opinión

Sscrbete a eViajado.com
Publicidad
Publicidad
Publicidad
© Copyright 2020, Blogestudio está gestionado con WordPress