Además de profesor de dibujo y pintura, soy un cubano de pura cepa, aún cuando no resido en mi tierra.

Gaviotas en las playas de Cádiz
Me fui hace un tiempo lejos, pensando en que quería vivir viajando y pintando, pero nunca habré de olvidar el olorcito de mi Habana querida.
Y, justamente luego de mucho andar, y cuando ya me encontraba medio achacoso decidí que tenía que tirar el ancla en algún lugar.
A mi tierra ya era tarde para volver y entonces, entre las miles de opciones que se ofrecen en el mundo, me decidí por Cádiz, una tierra española con sabor a tierra cubana.
Se trata de La Habana europea, un sitio del planeta en el que verdaderamente podía sentirme en casa.

Atardecer en Cádiz
Para quienes todavía andan con la dirección perdida, les cuento que este refugio de gaviotas, y atardeceres estelares, se encuentra en la Comunidad Autónoma de Andalucía, un paraíso hecho de calles y playas.
Una ciudad de mar y sazón, tal cual mi Habana adorada. Porque aunque ya hace rato que me fui mirando para adelante, sin voltear la vista para no sufrir el alejamiento, yo sigo repasando las fotos más bellas de mi infancia y mi juventud caribeña.
Y en Cádiz me imagino que estoy allá, aún cuando estoy acá, y ya de viejo me he puesto un taller de pintura y dibujo en un viejo local de la Bahía.
Según de que conste el día, a veces trabajamos en el interior – con persianas y puertas cerradas- y a veces salimos a pasear con nuestras hojas, nuestros lápices o nuestros atriles en busca de fuentes de inspiración.
Recuerdo que un día la consigna fue retratar la catedral local, una construcción neoclásica cuyo elemento más pintoresco son los azulejos amarillos que cubren la cúpula.
Al escuchar la consigna, uno de los dibujantes se negó a cumplimentarla. Decía que era ateo y que para él los templos no eran fuentes de inspiración.
Allí debí explicarle que el arte no es copia y que uno puede estar mirando una iglesia y dibujar un árbol en el papel; como a mí me pasa con Cádiz: vivo y miro esta ciudad, pero en mi pensamiento dibujo La Habana de colores.
Este ateo rebelde entendió entonces, y de una forma algo bruta, el sentido del arte y la inspiración. Y más bien lo hizo aquella tarde en la que nos acercamos a La Caleta, la playa más popular de Cádiz.
Mi intención era que allí, en ese lugar esplendoroso, con barquitos, arena, y brisa cálida y en medio del atardecer, ellos pudieran dibujar lo que quisieran.
Mi sorpresa fue ver, al final de la tarde, que en todas esas hojas se habían dibujado atardeceres; “y es que cuando hay algo tan bello frente a los ojos, es muy difícil escapar”, me dijo el alumno ateo.
Tenía razón, por algo yo había elegido Cádiz para vivir.

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1 Comentario en “Cádiz y La Habana en un mismo dibujo”
Este relato me dejo un gran sabor de boca …..sera porque hace ya muchos años mis padres dejaron Cadiz igual que tu dejastes La Habana …..sin mirar atras, con ganas de “tirar el ancla” en algun otro lugar.
Lo lograron, se asentaron en Caracas …..frente a Cuba …..donde naci y conoci la cultura del Caribe que tanto recuerdas.
Años despues quien busco nuevos destino fui yo, con mi familia. Asi que hoy en dia estoy de regreso en la patria de mis padres, “tirando anclas nuevamente” …….. al llegar una de las primeras cosas que hice fue ir a Cadiz, a La Caleta y por supuesto a la Catedral …
Gracias por escribir esta historia !!!
Salu2