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Clásicos de España

Barcelona y un doble triunfo

El sueño de un aficionado al deporte
Juan Luis Pérez
08:00h Martes, 26 de mayo de 2009
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A todo aquel que desee escucharme, le cuento que para mí el deporte no es un aderezo de la vida cotidiana, sino el plato principal y los esfuerzos y sacrificios de la vida -sobre todo los económicos- han girado en torno al deporte: pocas veces he ahorrado tanto como las veces que desee viajar y no conseguí ofertas de vuelos.

Las tribunas del Camp Nou en el clásico nacional

Las tribunas del Camp Nou en el clásico nacional

Y, a quien le parezca extraño, lo increpo y le cuento que nada tiene de malo aficionarse con algo tan sano, como el ejercicio y la actividad física.

Si bien el fútbol es mi deporte preferido, porque además es el único que juego, siento placer al mirar el resto de las disciplinas.

Vibra mi alma con un gol delicioso, como también con una canasta destacable, o un saque violento, o una posta de natación definida en los últimos metros.


Mis sueños se habrían corporizado en caso de haber podido concurrir a algún mundial o a algún Juego Olímpico; sin embargo, hasta este entonces, no he podido concretarlo.

Barcelona y Real Madrid en pleno juego

Barcelona y Real Madrid en pleno juego

No obstante, me gustaría contarles algunos detalles del viaje que realicé en diciembre del año pasado, viaje que tuvo muchas cuotas de aquel sueño que vengo macerando desde hace tiempo.

Peso sobre peso puse para llegar a Barcelona. Había elegido esa fecha, atraído por la posibilidad de ser espectador de lujo del gran clásico nacional; el Derby entre el Real Madrid y el Barcelona.

Como soy un deportista nato, al llegar a la ciudad opté por alquilarme una bicicleta; en vez de andar arriba de un auto, prefería saborear esa ciudad, a bordo de un transporte que, a su vez, me permitiera hacer ejercicio.

Por recomendación de algunos locales, empecé a pasear por el barrio de Eixample, una de las zonas urbanas más características de Barcelona. En el transcurso de la ruta fui cruzándome con una inmensa cantidad de ciclistas, que habían optado por mi misma movilidad.

Tenía varios días para disfrutar antes del 13 de diciembre, día del clásico, y creo haberlos aprovechado a mi modo.

Siempre había dicho que, en caso de visitar Barcelona, me gustaría conocer el barrio Olímpico. Considero que los Juegos de 1992 fueron los mejores de la historia y, por ese motivo, soñaba con revivir ese evento; y así lo hice.

Hasta que llegó el día. Temprano estaba en el Camp Nou, ese inmenso estadio cinco estrellas que penetró en mi piel desde el minuto cero.

Las tribunas yacían perfectamente divididas: de un lado el amarillo y el rojo, del otro el azul y el rojo; de un lado españoles, del otro catalanes.

Quise llorar y quise reir. Pude disfrutar, sin tomar partido, de un espectáculo tremendo en el que el Barcelona resultó ganador – con goles de Messi y Eto ò- y yo también.

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