Mientras la gente de mi entorno comunicaba su bienestar, utilizando frases al estilo de: “Estoy re bien” o “Estoy de perlas”, yo me caracterizaba por decir: “Estoy de bachata”.

Noche en la Zona Colonial de Santo Domingo
Sucede que bachata es un ritmo bailable, originario de República Dominicana, receptor de influencias de la salsa, el merengue y el cha-cha-cha, y yo era más que fanática de la bachata.
Bailaba bachata, cantaba bachata y revivía, cada día de mi vida, gracias a una dosis de ese ritmo, mitad bolero nostálgico, mitad rumba enérgica, que hacía vibrar mi alma.
Nada tenía que ver yo con Dominicana, pero no soy ni la primera ni la última persona que se enamora de una música, casi sin saber porqué.
Sólo podía identificar un culpable: nada más, ni nada menos que el gran Juan Luís Guerra, aquel que, con su voz apostada en “Bachata Rosa”, me había erizado la piel.

Playa Bocachica, la más popular de Santo Domingo
Y, aunque la mayoría, se vuelve loco con “La Bilirrubina” o con “ Quisiera ser un pez”, a mi me puede la “Bachata…”, una canción que ha rasgado mi adolescencia y mi vida entera.
Tamaño viaje de bodas tuve yo, cuando mi marido aceptó que viajáramos a Santo Domingo.
Además de ser el lugar en el que nació y creció Guerra, en ese sitio, sus habitantes, los dominicanos, transitaban al ritmo de la bachata y el merengue, y yo no me quería perder esa fiesta.
La primera imagen que pude obtener de la ciudad, aquella que inmortalicé con mi cámara, cuando viajábamos al hotel – ubicado en la Zona Colonial-, fue la de una tierra más que transitada; autobuses, camiones, motos, carros y guaguas públicas, todas abarrotadas de gente.
Ruido en sus calles, ruido en sus avenidas, bachatas de sonido ambiente y un tránsito similar al que se gesta en un merengue.
Alejándonos un poco de aquel sonido amplificado, más por mi marido que por mí, nos ubicamos en la zona más tranquila de Santo Domingo, la Zona Colonial.
Este barrio puede considerarse legendario, puesto que nos muestra un gran pasado histórico, remisible a la primera ciudad fundada por Cristóbal Colón.
De hecho lo primero que hicimos, apenas instalados, fue iniciar una visita guiada por toda la zona. Allí pudimos conocer la Catedral Santa María la Menor, el Parque Colón, la calle de El Conde, la calle Las Damas y muchos sitios más.
Pero, sin lugar a dudas, el mejor de los días allí lo viví en la visita a la playa Bocachica, la más popular y cercana a la capital.
Rodeada por un arrecife de coral, aquel paraíso de aguas turquesas era bachata pura. El ritmo me llevó a bailar en el medio del balneario y a cumplir el sueño de hacer bachata en su lugar de origen.

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