2 de Abril, 2008 por María Clara Fuerte
Grecia, Atenas, el Partenón
Tags: cariatides, primeros juegos Olimpicos, templo dorico
Los griegos nos donaron regalos singulares: las ansias de aprender, la pasión por el arte, el culto a la belleza, el amor al deporte…
Cuenta la mitología que Zeus lanzó un rayo en el sitio donde deseaba que se le honrase. En ese punto se alzó una pira y un altar donde incinerar las ofrendas al dios. Para decidir qué joven encendería la pira, se hacía una carrera que daría origen a los juegos olímpicos. Algunas fuentes afirman que en el 776 a.C. se celebraron las primeras demostraciones deportivas en Olimpia y a partir de ese momento se celebrarían cada cuatro años hasta que ciento setenta años después las interrumpiera el emperador Teodosio.
Otras aseguran que los primeros datos reales que se conocen nos remontan al año 884 a.C. Esos primeros Juegos se celebraron por iniciativa de Ifitos, rey de la Elida, que pactó una tregua con Licurgo, rey de Esparta, y que tuvo la idea de que hubiera paz entre todas las facciones en guerra en Grecia: la paz olímpica o Ekcheiria. Esta paz se extendía desde los tres meses anteriores a los Juegos y después de ellos, lo suficiente como para permitir a los participantes un regreso seguro a sus hogares.
Los juegos olímpicos modernos iniciaron en Atenas en 1896. El barón de Coubertin, Pierre de Fredy fue su promotor. Su padre era artista y su madre músico. El se había siempre interesado de questiones de educación, pues pensaba que en ella se basaba el futuro de la sociedad. Estaba convencido también que el deporte, que practicaba en diversas disciplinas, era un trampolín hacia una buena energía moral. Y fue esta convicción que a los 31 años le llevó a luchar por revivir los Juegos Olímpicos desde su Secretaría General de la USFSA. No tuvo mucho éxito, pero siguió adelante y el 23 de Junio de 1894 fundó el Comité Olímpico Internacional en una ceremonia de la Universidad de Sorbonne en Paris. Dos años más tarde Atenas sería la sede de los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna. Para la realización del nuevo estadio se utilizó mármol de las canteras del monte Pentélico, el mismo que sirvió para la construcción del Partenón.
Del Partenón se puede decir que es el templo por excelencia. Obra de Ictinos y Calícrates, bajo la supervisión de Fidias, se construyó entre los años 447 y 438 a.C. Es un ejemplo de perfección para el ojo humano, a pesar de sus muchas “irregularidades”. Resulta una obra de proporciones exactas.

Los palmares de yatay constituyen la formación vegetal más vistosa del parque y un verdadero deleite para quien gusta de la fotografía. La palabra “yatay” significa “fruto duro” en lengua guaraní. Los relevamientos de las poblaciones del parque indican que predominan los ejemplares sobreadultos, de más de 100 años, y los renovales de pocos años. Muchas veces se observan renovales que crecen debajo de palmeras viejas y hay una notoria ausencia de ejemplares que oscilen entre los 0,5 y 2 metros. Los técnicos esbozan distintas hipótesis para explicar este fenómeno, pero aún no hay certeza sobre su causa.