Asia

Katmandú: la Fiesta de la Kumari

Xavi Villalvilla
10:00h Miércoles, 13 de junio de 2007
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Entre las enormes cúspides de la cordillera del Himalaya se perfila, allá abajo, el aeropuerto de Katmandú. Unas pistas cortas y estrechas; casi encajonadas en medio de aquel maravilloso paisaje; el avión inicia el descenso, y rápidamente comienza el aterrizaje. Minutos después, y camino al hotel, nos encontramos al fin en las calles de Katmandú, la capital del Nepal.

Cerrar los ojos, y respirar el aire pudo, allí a los pies del Himalaya, es una sensación maravillosa casi liberadora. Situada entre el Tibet al Norte, y la India al oeste, Nepal posee 8 picos de más de 8.000 metros de altitud, y casi una cuarta parte del país se halla a más 3.000 metros de altitud. Si bien es un país aún pobre, el salto en el nivel económico respecto a su país vecino, la India, es importante. Y su ambiente, mucho más relajado. Es el destino final de viaje ideal para quienes pasen unos días en la India.

Aquél día era día de fiesta en el país: el día de la Kumari, la diosa viviente, el único día en que la representante de los dioses sale a la calle para recibir las ofrendas de su pueblo. La niña, de entre 3 y 12 años, ha de ser virgen, y es elegida después de superar una serie de duras pruebas para comprobar sus virtudes místicas.

Como prueba final, habrá de permanecer encerrada entre cabezas de animales muertos y máscaras de dioses. Si la niña permanece impasible, es nombrada Virgen Vestal, y representante de la diosa Kali. Una vez seleccionada, es apartada de su familia y encerrada en palacio de por vida, donde incluso le será prohibido pisar el suelo para mantener su pureza. Tan sólo saldrá a la calle una vez al año: en la fiesta de la Kumari.

Esta fiesta, que dura ocho días, se divide en dos partes: en la primera, que empieza al acabar los monzones, se clava un palo de madera, se coloca la bandera nacional y se hacen las ofrendas pertinentes. Cuenta la leyenda que el dios Indra mandó a su hijo a por flores a la tierra. Por error, fue apresado, creyéndolo mortal. El dios, enfadado bajó a buscarlo, pero el pueblo, dándose cuenta del error cometido adoró a su hijo durante siete días consecutivos. Indra, agradecido, finalmente, les prometió conducir a sus muertos al cielo y ofrecerles siempre lluvias cada año. En estos 7 días, la ciudad permanece iluminada por velas en todos los templos. En el último día, la Kumari sale a la calle; la población la recibe en las calles, y la acompañan hasta llegar al templo, donde el Rey le ofrece una moneda. En el camino de regreso, entre bailarines, actos representativos y bailes, el pueblo lanza monedas a la diosa viviente, quien vuelve a su Palacio en carroza de madera.

Es una ceremonia curiosa; ancestral; una oportunidad única de vivir parte de la cultura nepalí, de sus costumbres, de sus creencias. 15 de septiembre.. un día inolvidable para un país. Un recuerdo más en la memoria de un viajero.

Comentarios (1)

  • nataly pereira
    00:06 19 19Europe/Madrid agosto 19Europe/Madrid 2009

    esta copla me parecio demaciada larga

     

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