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Julio 13, 2009

La adopción de Nerja

Publicado en:General, Relatos, Viajes

Tenía planeado comprarme una propiedad en algún sitio del mundo, todavía no sabía cuál, pero lo único que quería es que fuera bien distinto a mi sitio de origen.

Las playas de Nerja

Las playas de Nerja

Vivía acelerada, alimentada por el tránsito, el trabajo y el fast food. Sabía que esa no era una buena vida pero, sin embargo, ya era tarde para salir de ese tremendo circuito de estrés que sólo mermaba un poco cuando visitaba uno de mis preferidos hoteles en Nerja.

Me sentía como el demonio de Tasmania, dando vueltas sobre mi propio eje, sin poder escapar. Hasta que un día asumí esta falencia de vida y empecé a buscar una casa, en un lugar distinto, para poder pasar algún tiempo.

En principio iría a ser una casa de vacaciones pero, a medida que empezó a pasar el tiempo, me convencí de que tendría que ser un lugar para habitar cada vez que lo necesitara.


Ni idea tenía yo de los lugares que podían acoplarse a mis necesidades. Entonces inicié una búsqueda en la que puse más corazón que razón. Miraba paisajes, analizaba, tenía en cuenta y descartaba.

Paseo turístico de Nerja

Paseo turístico de Nerja

Quien sabe porqué, entre tantas idas y venidas, me encontré frente a una foto de Nerja. Largo rato pasé mirando ese retrato, sabiendo que me gustaba lo que veía. Entendí que ese podía ser un buen lugar para, primeramente, visitar y luego, en caso de gustarme, comprar una propiedad.

Saqué boleto a la provincia de Málaga, con la intención de llegar al pueblo más oriental de la comarca de Axarquía.

Me habían comentado que era un destino turístico de la Costa del Sol y no me asustó. Sabía que la irrupción de turistas no coartaría mi necesidad de descanso. Sabía, apenas pisé ese lugar, que era muy distinto al lugar en el que yo depositaba todos mis días.

Allí podría visitar playas, absorber un entorno no urbanizado, sentir el flujo de un clima suave, practicar algunos deportes y armar mi propia huerta, para cultivar frutos subtropicales.

Desde siempre, y quien sabe porqué, era una fanática del aguacate y, vaya casualidad, me encontraba conociendo un destino en donde la cosecha de este fruto es una práctica común.

Llenaría mi huerta de ese cultivo, pensaba, mientras visitaba, en seguidilla, las playas de Burriana, Calahonda, El Salón, La Torrecilla y el Playazo, todas especies únicas de este litoral malagueño.

Mientras miraba como un puñado de turistas intentaba incursionar en la pesca submarina – en la superficie de Nerja y Torrox- pensé en que ya no debía seguir pensando, ni seguir buscando.

Me compraría una módica casita, empezaría a armar mi huerta y adoptaría el paisaje de Nerja como la fachada de mi casa, el sitio al que uno siempre desea llegar.


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