Una cosa que me gustó mucho de viajar en carretera en Francia, es que posee hoteles de tipo prefabricados a los cuales llegas a cualquier hora del día o de la noche, coges la habitación (que ya sabes lo que te vas a encontrar) con la tarjeta y es un servicio automático y barato. Rondan los 35€ por habitación y el desayuno buffet de la mañana son 4,5€ por persona. Tienes varias categorías, casi todas juntas y a las afueras de las ciudades. Nosotros dormimos en el hotel Campanile, pero también estaban F1 e Ibis. Las habitaciones constan de un cuartito de baño con ducha, una cama de matrimonio y una tv. Os aconsejo que en este tipo de viajes a coche os llevéis un hervidor. Nosotros calentábamos el agua y por ejemplo para la cena puedes hacerte rápidamente un cous-cous o sopas de sobre.
Llegamos a Burdeos sobre las 13:00. Nos fuimos hacia la iglesia de Saint Michel, donde hay un mercado muy bonito, el cual ya estaban recogiendo cuado fuimos. Esta zona es suburbial. Calles muy oscuras y edificios sucios, realmente lo que habíamos venido a ver, la parte medieval de Francia. Comimos unos bocadillos para aprovechar el día que nos quedaba en Burdeos. Nos fuimos al centro de Burdeos, allí comienza en la puerta de Aquitania un paso de peatones que si lo sigues llegas hasta la catedral y una antigua sinagoga muy bien conservada. Nosotros no entramos porque a mí Burdeos no me dijo nada, es decir, no supe ver el encanto que dicen que tiene esta ciudad. Y sin perder más tiempo nos dirigimos hacía nuestro principal objetivo del viaje: La Dune du Pyla.
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